La realidad de los sueños

3 noviembre 2010 | 2 Comentarios »

Y allí estaba la puerta cuya llave no vi; / y allí se alzaba el velo que lo ocultaba todo: / Un vago murmurar cerca de Ti y de Mí / se escuchó… y después nada, ni de Mí ni de Ti.

Omar Jayyam

“Como te lo cuento”

Por Carolina Azcarla

Hoy, por una de esas circunstancias de la vida, he recalado por aquellos parajes donde tanta ilusión sembré, tanto amor viví, en otro tiempo. He recorrido esos caminos tan sabidos por mí, y el recuerdo me transformó en un zombi que transitaba por aceras que ya anduvo, reviviendo momentos que ya fueron. Quise huir de aquella ilusión, tangible para mí en ese momento, pero estaba atrapada en el laberinto. Me vi allí ¡Dios, que recuerdos! recorriendo los mismos lugares, dando cientos de pasos ya por mí conocidos. Voy sola. La persona que antaño me acompañara, y que dejó tan impregnado el ambiente de sensaciones que ahora penetran por todos los poros de mi cuerpo, ya no viene conmigo. Pero todo me recuerda a él: el aroma de los setos; el olor a tierra mojada; el resplandor de los faros de los automóviles y el chapoteo de sus ruedas sobre los charcos del asfalto; el crujir, al pisarlas, de las piñas secas con que alfombran los dos cipreses la acera de la puerta del jardín de su casa, donde hacen guardia. Aún hoy, me veo guardándome una de esas semillas, después de juguetear con ella, como recuerdo de aquel instante. Todo está empapado de él, como yo ahora de esta lluvia persistente que me cala hasta los huesos y me deja aterida de frío, rígida como estatua de Lot, quizás por mirar hacia atrás, cual hizo ella.

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Póntelo, pónselo

16 octubre 2010 | Sin comentarios »

Por Aquilino Quintás

Veo en la tele, dónde si no, una noticia que me llama la atención por lo que de curioso y estrafalario tiene.

Resulta que en un municipio limítrofe con Lérida, las prostitutas que allí ejercen van a ser obligadas a utilizar chalecos reflectantes mientras trabajan en la calle. Está bien. Antes, no sé ahora, a la puerta de los clubes de alterne se ponía un farolillo rojo, que una vez conseguido diferenciar estos de los que se ponían en las obras —que también usaban ese distintivo— eran  muy útiles para no meterse donde no hubiera entrado jamás nadie a buscar un amor sin cortapisas. Pues el chaleco reflectante va a ser el distintivo (PMT) de pelandusca móvil trabajando.

Y la cosa va en serio, pues parece que los mossos d’esquadra de la zona han sancionado a las trabajadoras del folgar con cuarenta euros a cada una de las que no llevaba puesto el chaleco, alegando que corren peligro. Trabaja, pero seguro. Y no veo yo a la Guardia Civil, a la hora de sancionarlas por ir en déshabillé y sin chaleco, en huelga de boli caído.

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En Chile han visto la luz 33 mineros y un héroe

14 octubre 2010 | 1 Comentario »

Por Aquilino Quintás

Lo que ha pasado en Chile ha sido una aplastante demostración de colaboración, de compañerismo, de hermandad, de patriotismo que ha dejado al mundo lleno de admiración y envidia. Los comentarios que me han llegado estos días de todo tipo de informadores apuntan, en su mayoría, a que el rescate se ha podido realizar por ser Chile un país democrático. No digo que no, pero no quiero mermar ni pizca el mérito que han tenido los chilenos apoyando en todo momento a los mineros, al presidente de la empresa por su decidida gestión de salvamento y a su presidente de Gobierno; no quiero quitar a ese paisanaje la bonhomía que ha demostrado, al margen de tendencias políticas, para hacer del día que se consuma el rescate, un día de fiesta nacional.

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La huelga general

28 septiembre 2010 | Sin comentarios »

EspañaPor Aquilino Quintás

¿Hay mayor huelga general que el paro? No, no la hay. Y el paro acabará siendo la huelga general, esta vez sí, general, de este país que es España. Y no sabremos, o no querremos saber, de quién es la culpa, si del Gobierno, si de la patronal, si de los sindicatos o si de los trabajadores —pueblo, masa, plebe, chusma (siguiendo la degradación táctica a la que nos quieren acostumbrados)— que, siendo los más perjudicados siempre en estas lides, son, además, la percha de los golpes de todas las fanfarronadas que se escupen a la cara la patronal y los sindicatos. Juegan los burros y cobran (coloquialmente dicho) los arrieros. Siempre ha sido así y siempre así será. Pero ¿no es este el momento de reflexionar sobre la situación del país; de envainarse los argumentos fingidamente patrióticos; de ciscarse en la soflama de partido y de aunar las fuerzas de todos para sacar adelante esta esquina de Europa que empieza a erosionarse con los aires que vienen de todos los lugares, incluso del interior?

Los sindicatos y el Gobierno, misma cosa, están en este falansterio socialista que no tiene ni pies ni cabeza. Víctimas y verdugos, los dos, del abandono de clase (en la más social acepción de la palabra), andan dándose mandobles sin preocuparles a quién hieren las esquirlas que desprenden sus trifulcas, dejando a su paso tuertos, mancos y tullidos (parados todos, al fin y al cabo) que no saben ni por dónde ni por qué les viene ese castigo divino —pues se portan aquellos como dioses vaciados en oro, como becerros—.  Porque ahora la pelota está en el caballete del tejado de ese chalet adosado en el que cohabitan sindicatos y Gobierno, mientras ambos, desde sus patios respectivos, soplan como Eolo y braman como energúmenos para vencer la fuerza de gravedad de la esfera, que seguro que está ahí por falta de decisión (por desconfianza), no de peso específico.

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