Rojo que te quiero rojo

18 julio 2012 | Sin comentarios »

¿Rojo traje? ¡Rojo chándal!
Olímpicos españoles
de banderita de España.

Esto habría trovado el bardo si desatendiendo a sus musas hubiera dado una vuelta por el centro comercial Westfield, se hubiera detenido ante la casa rusa Bosco, y se hubiera quedado mirando, seguro que pasmado ante el derroche de luz y color; ante ese ocaso ahogándose en el cristal, el escaparate de la citada tienda.

El bardo siente poesía, imagina poesía, ve poesía en todo lo que observa pero… los modelitos se las traen. (Por lo menos con el perro Cobi hicieron encuestas.) Algún gracioso (vamos a pensar que todo viene de una broma) se ha propuesto vestir a nuestros olímpicos de modo que sirvan de ilustración a una receta de fritura de tomate adornado con arabescos de cangrejo de río fritos y con unos puñados de oro de Moscú. Y lo ha conseguido. En estos juegos todos los participantes serán también “la roja”. Y cuando juegue España al fútbol será roja sobre roja: roja al cuadrado. Con dos de exponente, como tiene que ser.

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Mena sigue vivo en su trazo

27 marzo 2012 | Sin comentarios »

Sólo para recordar al gran Mena, seis años después de su muerte, un día como hoy, reproducimos este dibujo que pronto puede llegar a ser el reflejo de la sociedad española en todos sus estamentos.

Mena

Zapatero o la insoportable levedad de creerse ser

23 noviembre 2011 | Sin comentarios »

Por Aquilino Quintás

Amaneció como otro día cualquiera, abrió los ojos, recordó y prefirió no haber despertado.

Fue cuando lo de Rodiezmo, o quizá antes, cuando se le tornaron acíbar las mieles de la gloria. Hasta entonces todo había sido para él como un paseo militar. Se sentía dueño y señor de todo lo visible y lo invisible (y eso que lo invisible para él era casi todo), y creyéndose rey «vive con ese engaño mandando, disponiendo y gobernando» al ritmo que le marcan con los aplausos su coro de dadivados.

Ocho años tuvo a prueba de paciencia a los españoles. Durante ese tiempo se dedicó a destapar tumbas y colocar amiguetes de su altura para que no le hicieran sombra. Y avivó la memoria histórica de tal forma que siempre le recordaremos como el guiñol de la memoria. Formó un Gobierno con exquisita paridad que dio en parida. Y alimentó una crisis que negaba que existiera hasta que acabó devorándolo. Su corte empezó a darle de lado y, así como César tenía su Bruto, él tuvo su Rubalcaba que le ayudo a meterse mar adentro. Podría decir que él no tuvo culpa, que se dejó llevar, pero sería insultarle y no quiero. Ahora, aunque incurablemente desolado, alguien como él, como yo, como todos, cada día estamos más cerca de la verdad que de la hipótesis. Las urnas nos han ayudado a ello. Ya sólo resta cerrar este capítulo de desencanto y ruina.

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La rebelión de la masa contra “La rebelión de las masas”

19 mayo 2011 | Sin comentarios »

Por Aquilino Quintás

Ya nos los previno Ortega en su libro, y el tiempo le ha dado la razón. La sociedad, democráticamente correcta en lo que a política se refiere, se ha vuelto políticamente incorrecta en lo que a democracia se refiere. Las masas, el hombre-masa como prototipo de la sociedad, se han deteriorado, se han corrompido de tal manera que se han desligado de los problemas de los menos afortunados; de la mayoría. Su prepotencia les ha servido para inhibirse del común de los mortales.

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La vox populi, con una jerga para desposeídos, empezó a etiquetar a unos grupos creados por el obligado desarraigo que les impuso la masa dominante escudada en la situación socio económico política del país. Así nacieron los parados, los emigrantes, los indignados, las mujeres maltratadas, los desahuciados, los prejubilados, los despedidos, los nini, los botelloneros, los okupas, los políticamente defraudados –que son la mayoría–, los…, como grupos sociales que están ahí, pero no por no estar cualificados para desarrollar una actividad productiva, sino, sólo y llanamente, para que le cuadraran las cuentas a algún aprovechado. Nacieron un sinfín de tribus, aceptadas e ignoradas, que sólo interesan a los gobernantes para que llenen la urna con los votos que les han de mantener en la poltrona. Esa es la triste realidad.

La culpa, ineludiblemente, es del Gobierno. Cómo no, si es el que manda. Pero creo que sería igual con cualquier Gobierno, fuese del color que fuese, porque pienso que el problema quizá esté en la falta de valores de los individuos, en el deterioro de la raza. Es la pescadilla que se muerde la cola: los políticos se corrompen, y su ejemplo corrompe al pueblo; y el pueblo corrompido solo piensa en imitar a los políticos en su corrupción blindada, en vez de derrocarlos y formar un gobierno de verdad para todos. Vulgus veritatis pessimus interpres.

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