Zapatero o la insoportable levedad de creerse ser
23 noviembre 2011 | Sin comentarios »Por Aquilino Quintás
Amaneció como otro día cualquiera, abrió los ojos, recordó y prefirió no haber despertado.
Fue cuando lo de Rodiezmo, o quizá antes, cuando se le tornaron acíbar las mieles de la gloria. Hasta entonces todo había sido para él como un paseo militar. Se sentía dueño y señor de todo lo visible y lo invisible (y eso que lo invisible para él era casi todo), y creyéndose rey “vive con ese engaño mandando, disponiendo y gobernando” al ritmo que le marcan con los aplausos su coro de dadivados.
Ocho años tuvo a prueba de paciencia a los españoles. Durante ese tiempo se dedicó a destapar tumbas y colocar amiguetes de su altura para que no le hicieran sombra. Y avivó la memoria histórica de tal forma que siempre le recordaremos como el guiñol de la memoria. Formó un Gobierno con exquisita paridad que dio en parida. Y alimentó una crisis que negaba que existiera hasta que acabó devorándolo. Su corte empezó a darle de lado y, así como César tenía su Bruto, él tuvo su Rubalcaba que le ayudo a meterse mar adentro. Podría decir que él no tuvo culpa, que se dejó llevar, pero sería insultarle y no quiero. Ahora, aunque incurablemente desolado, alguien como él, como yo, como todos, cada día estamos más cerca de la verdad que de la hipótesis. Las urnas nos han ayudado a ello. Ya sólo resta cerrar este capítulo de desencanto y ruina.



Quien crea que la foto política del pasado domingo la protagonizaron los ex presidentes Felipe González y José María Aznar en el palacio de Cibeles, está equivocado. Protagonistas de ese acto, a mayor gloria de Alberto Ruiz-Gallardón, fueron el propio alcalde de Madrid y el trío de damas que, acompañando a sus parejas, hicieron su entrada, de un claro primaveral, en la sala de columnas del antiguo edificio de Correos, como embajadoras de sus maridos. Ana Botella, esposa de Aznar; Mar Utrera, mujer de Gallardón; y Mar García Vaquero, pareja de González, intentaron, sin conseguirlo, pasar inadvertidas en una jornada que el regidor de Madrid acariciaba desde hace años, y que materializó una semana antes de la jornada electoral que le puede situar por tercera vez en la Alcaldía de Madrid.
