Fuego en el Rif

18 agosto 2010 | Sin comentarios »

“Diálogos con su chispita”

Por Gascón Bolín

Lleva Venan unos días intratable. Autoerigida juez sin parte para causas perdidas, me tiene la cabeza como un bombo de tanto repetirme lo mismo todos los días. ¡Y todos los años! —Estoy loca por escuchar en las noticias: Los tres tipos que provocaron el incendio de ayer en la sierra de Tal han muerto calcinados entre las llamas, que les rodearon antes de que tuvieran tiempo de escapar. —Un poco drástico tu deseo, no te parece. —Lo que me parece es que es una vergüenza que todos los años se quemen miles de hectáreas de terreno, con toda la vida animal y vegetal que en ellos exista, porque unos locos, unos irresponsables o unos sinvergüenzas desaprensivos quieran. Y yo te digo: tratándose de locos, “el loco por el palo es cuerdo”; si lo que son es irresponsables les ponía, primero, a apagar el fuego en primera línea de llama, y después a replantar todo hasta que quedase como nuevo; pero si quienes fueron los autores del incendio son unos sinvergüenzas que actúan por sí mismos o porque les paga alguien, a esos, a esos les pongo de cortafuegos, y si no resulta eficaz el intento y se queman, los sustituyo por otros de sus mismas condiciones, y así hasta que termine de haber incendios, que ya verías como se acababan. —Escuchándote no sé que me da más miedo, si estar de acuerdo contigo o que me pidas aumento de sueldo.

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Cristal con azogue

11 agosto 2010 | Sin comentarios »

“Te diría al oído la palabra todo / Si descubriese de repente que sirve para algo / Y vale para lo que quisiera que me oyeras / En un profundo silencio.  / Sé bien que me estoy muriendo pero no de bejez sino de amor / Y también sé que te estoy matando pero no de juventud / sino de amor”

                                                                                                Camilo José Cela

“Como te lo cuento”

Por Carolina Azcarla

Riiiiiiiiiiinnnnnnn. Por delante estaba la misma media hora de todos los días. Treinta minutos de trepidante rutina desde alcanzar el despertador y silenciarlo hasta salir hacia el trabajo. Rito, hecho hábito ya, desde que hace unos cuantos años entró ese artefacto en mi casa para pulsar mi vida.

Pero ese rito constaba de varias partes. Hacer callar al inoportuno gallo metálico, era la primera. Luego, hummm desperezarse como un cachorrillo. Inmediatamente después, saltar de la cama para caer justo ante la ventana. Esa ventana que me absorbía siempre, como si me engullera, de tal manera que me costaba salirme del haz de luz que por ella penetraba, como si fuese un campo magnético que me retenía y no me dejaba escapar de su resplandor. En ese éxtasis, de forma inconsciente, seguía con el ritual: miraba a través de los cristales, viéndome a la vez reflejada en ellos, mientras me despojaba del pijama para ir a la ducha y veía pasar a le gente por la calle. Unos iban ligeros, otros andaban con desgana, algunos corrían para llegar a coger el autobús. Yo me desnudaba despacio, para seguir disfrutando del espectáculo: las gentes, las casas, los árboles y el movimiento de sus ramas mecidas por el viento. Observando fijamente las copas de los álamos, me daba la sensación de estar mirando por un caleidoscopio lleno de hojas blancas, verdes, que con su temblor formaban inagotables figuras y paisajes. Ensimismada con lo abstracto, me despojaba de la ropa que, al dejarla caer al suelo, descubría mi cuerpo desnudo difuminado en aquel paisaje verde blanco del fondo. Era el momento en que, como todos los días, se despertaba un extraño rubor en mí que me encendía el rostro, hasta el punto de hacerlo resaltar en el vidrio de aquel impertinente marco. Nunca fui extremadamente pudorosa, pero esa ventana conseguía acochinarme, transfigurarme en una quinceañera tímida y pusilánime. Ese era el momento de salir corriendo hacia la ducha. Los minutos habían pasado volando y todavía tenía que vestirme y desayunar. Imposible tomar una ducha tranquila tampoco hoy. Esa maldita ventana se apodera de mi existencia por instantes. Por fin salgo de casa pero, en el último momento, antes de cerrar la puerta, tengo que dirigir una mirada postrera a la ventana, cómo despidiéndome.

Ese agujero acristalado en la pared ha sido siempre como mi alma. Me miro en él y lo que veo es mi desnudez, mi realidad, mis sueños.

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Zapatero tira de su gramática parda: TG o TJ

9 agosto 2010 | Sin comentarios »

Tomás Gómez o Trinidad Jiménez, esa es la cuestión que se plantea Zapatero para presentar un candidato a la Comunidad. Cuestión que va a soltar el presidente a su partido para que el partido resuelva el problema que ha creado él en el partido. Un galimatías como lo es todo lo que Zapatero filtra por su intelecto. Aunque esta vez no es tan confusa su idea. Zapatero quiere a Trini, ¿por qué? ¿Porque sigue con lo de la cuota de igualdad?, ¿porque sabe que es prima de Gallardón y busca un acercamiento? o ¿porque quiere quitársela de encima en el Gobierno? Y ¿por qué no quiere a Tomás González? ¿Porque ve en él un hombre tozudo y orgulloso como si de él mismo se tratara (el más votado en su momento, Gómez)?, ¿porque le ha parado los pies dejándolo en ridículo? o ¿porque para el presidente un hombre que tiene el alma de kriptonita es un hombre que está verde todavía? El caso es que sea por lo que sea le ha salido las bases contestonas y ya no está en su mano la decisión. Aunque puede que salga un empate y le otorguen ese beneficio.

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José Picó y sus chicas de trazo fino

6 agosto 2010 | Sin comentarios »

Se expone estos días en el Museo de la Ciudad una pequeña recopilación de la obra pictórica de José Picó. Extraordinario dibujante que antes y después de nuestra guerra se ocupo de ilustrar todo lo que conformaba nuestro mundo en el Madrid cosmopolita de la época. Si entonces la ilustración era lo que hoy es la fotografía, sus dibujos eran la fotografía retocada con photoshop. Todos los personajes de sus dibujos iban, como salidos del Corte Inglés, marcando estilo. No retrató la realidad de la moda. Creo un estilo con sus dibujos que fue la moda que habría de venir después. Por cierto, si tiene el placer de ir a ver la exposición, comprobará que aquella moda encaja perfectamente en el estilo y ropaje que se lleva hoy en día.

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